Aprovechando las vacaciones de Semana Santa, mi novio y yo hemos decidido ir a pasar unos días a Bilbao como hacemos siempre para desconectar de la rutina y descansar un poco. Creo que hacer esto ya se ha convertido en una tradición, pero la verdad es que Bilbao es una ciudad que a los dos nos encanta, ya que yo nací allí y tengo familia allí y disfruto mi tierra, y mi novio también tenía familia allí y es una ciudad que le encanta. Por ello, siempre que tenemos vacaciones, es una de nuestras primeras opciones para cambiar de aires, relajarnos y pasar más tiempo juntos.
Este viaje fue muy productivo, sobre todo los primeros días ya que vimos e hicimos muchísimas cosas, y con ello, sacamos muchísimas fotos y paseamos muchísimo, de hecho, contabilizamos cuanto andamos más o menos con unas aplicaciones y todos los días nos marcaban entre 18 y 22 kilómetros, por lo que este viaje valió la pena en todos los sentidos.
El primer día nada más llegar, después de dejar las maletas en casa, cogimos el metro y fuimos a Santurce a ver a una amiga de mi madre, Encarni, y a su familia (su marido, Antonio; su hija, Itsaso; el marido de su hija, ; y su nieta, Miren). El estar con ellos me hizo darme cuenta de que la familia no necesariamente tiene que ser con la que naces, sino que también puede ser tu familia aquellas personas que entran en tu vida un día por sorpresa, y se quedan ahí para darte todo su amor y cariño, para ayudarte en lo que necesites, para apoyarte…. Simplemente están ahí contigo en las buenas y en las malas. Y eso son ellos para nosotros, son parte de nuestra familia.
Estuvimos comiendo con ellos, hablando y poniéndonos al día porque nos vemos cada mucho tiempo debido a la distancia. También aprovechamos a estar con la pequeña Miren, que apenas ha nacido hace unos meses y nos llena de amor y alegría.
Después de pasar un buen rato con ellos, decidimos ir a Portugalete dando un paseo por el paseo marítimo y cruzar a Getxo en el puente colgante. Y eso hicimos, conocimos ese paseo tan precioso que iba por al lado del puerto de Santurce y después daba a la desembocadura de la ría cuando ya ibas llegando al puente colgante. Este paseo fue precioso. Cruzamos a Getxo y nos quedábamos embobados viendo los paisajes, los edificios y el atardecer tan bonito que había. Sacamos un millón de fotos, paseamos por Getxo y por otro paseo marítimo que había y volvimos a casa.
De camino a casa, pasamos por San Mamés, en donde nos encontramos que jugaba la selección de Euskadi contra Uruguay. Lamentablemente, vimos la peor parte del ambiente del fútbol: todos los alrededores de San Mamés repletos de basura. Esto nos pareció algo indignante, ya que entendemos que se junta mucha gente y que todos están muy felices por ver el partido, pero aún así, no se puede aprovechar la fiesta para hacer las cosas mal, hay que seguir manteniendo el orden y tirar la basura a los contenedores. Me parece algo muy frustrante que la gente aproveche cualquier ocasión para hacer lo que quieren y en este caso, llenarlo todo de porquería. Como nos pareció algo tan frustrante e indecente y tan solo pensábamos en los barrenderos que al día siguiente tendrían que limpiar todo ese desastre, nos pusimos a limpiar un poco la zona.
Para ser el primer día, ya habíamos hecho muchísimas cosas y nos lo habíamos pasado en grande.





















El segundo día, decidimos quedarnos en Bilbao. Por la mañana estuvimos dando un paseo por el casco viejo, entramos en la iglesia de San Nikolas, paseamos por las 7 calles, pasamos por la ría, visitamos la estación de trenes…. Esto es algo que nos encanta hacer y que siempre que venimos hacemos pero esta vez, también pasamos por una calle un poco más diferente: San Francisco. Esta es una calle en donde se vive mediocremente, ya que las casas están en pésimo estado y es una zona en dónde se maneja la droga y la prostitución. La verdad es que da mucha pena que haya barrios así con gente ganándose la vida de la peor manera porque no han encontrado otra forma, viendo como gente duerme drogada en las calles…. Es muy triste y frustrante que lleguen a ese punto.
Después de estar paseando y visitando lugares durante toda la mañana, fuimos a comer al Zubiarte. Por la tarde volvimos a pasear por el centro, fuimos al Guggenheim, a Moyua, Gran vía…. Y para finalizar el día, subimos a Artxanda y vimos el precioso atardecer. Cuando volvimos a casa, pasamos por el parque de Doña Casilda para ver la fuente de luces pero lamentablemente estaba apagada y nos volvimos a casa.

















El día siguiente, nos levantamos prontísimo para coger el euskotren destino Donostia y pasar allí el día. Cuando llegamos allí, lo primero que hicimos fue dar un paseo por el paseo marítimo de la playa de la concha y después subir al monte Igueldo. Está fue una experiencia única. Desde Igueldo veías toda la ciudad, el mar, el monte…. Se veía todo con unas vistas y unos paisajes hermosos. Además, allí han hecho un pequeño parque de atracciones en donde se puede disfrutar en familia. Allí pasamos media mañana disfrutando de las pequeñas cosas, del viento en la cara y su rugido, el sonido del mar, las preciosas vistas, la buena compañía… Estos momentos tan felices son los que verdaderamente me reconfortan y me renuevan por completo. Al bajar, fuimos paseando por la playa de la Concha, disfrutando más de las bonitas vistas y del mar. Al llegar al final de la playa, nos sorprendió unos dibujos que había en la arena. Y es que una mujer había creado un enorme mandala dibujando en la arena. Nos sorprendió muchísimo como había podido hacer algo así y pensamos en lo difícil que es ser artista para mucha gente ya que el esfuerzo y el trabajo que lleva no se valora en absoluto.
Fuimos a comer al centro de la ciudad y aprovechamos para pasear más por la zona. Por la tarde, antes de coger el tren de vuelta a Bilbao, paseamos más por la ciudad, fuimos por la orilla del río y paseamos por otras calles en busca de algún juego para pasar el rato en el trayecto de vuelta.
Cuando llegamos a Bilbao, fuimos a visitar a mi hermana y a mis sobrinas, cenamos con ellas y nos pusimos a jugar a unos juegos de mesa antes de ir a dormir. Pasar el rato con mis sobrinas y con mi hermana fue muy divertido y lo aprovechamos y disfrutamos mucho ya que apenas las vemos. Supongo que cuando tienes poco tiempo para hacer ciertas cosas, cuando las haces se disfrutan al máximo. Opino que habría que hacer eso siempre, aunque sepamos que lo podemos hacer cuando queramos, hay que disfrutar siempre de cada momento, de lo que hacemos y de las personas que nos rodean.












Al día siguiente, mi novio y yo decidimos quedarnos a descansar un poco porque llevamos unos días de mucha actividad. Aprovechamos para ir a pasar la mañana con mis sobrinas, que estaban solas, y así estar un poco con ellas y cuidarlas y mimarlas un poco. Estuvimos jugando a juegos de mesa, bailando y cantando, y aprovechamos a hablar y a ponernos al día. Comimos con ellas y a media tarde nos fuimos a la playa de Neguri. Mi novio y yo hacíamos un año y 8 meses juntos, y como cada mes, queríamos hacer algo juntos para celebrarlo. Esta vez decidimos ir a Neguri a ver el atardecer en la playa y así pasar un buen rato juntos. Allí vimos el atardecer juntos, sacamos muchísimas fotos, celebramos nuestro aniversario, recordamos viejos momentos y disfrutamos como niños del momento, como intentamos hacer siempre.











El último día, también lo aprovechamos al máximo para terminar de disfrutar en Bilbao. A la mañana, lo primero que hicimos fue ir a Moyua en metro para aprovechar y ver cómo habían decorado toda la parada como si fuera el campo de San Mamés para celebrar que el Athletic Club estaba en la final de la copa del rey. Aunque, en realidad, este no era el único sitio de Bilbao que estaba decorado al estilo rojiblonco, sino que casi en cada rincón de Bilbao, había alguna bandera o algún símbolo que recordara al Athletic. Esto es algo que emocionaba a cualquiera que fuera del Athletic, como es mi caso, ya que la afición y el apoyo que tiene el equipo, es algo increíble y emocionante que no se vive todos los días.
Después fuimos a o que antes fue el bar de mis abuelos ya que a mi me hacía ilusión ir allí y recordar aquellos momentos cuando era más pequeña y revoloteaba al lado de mi abuela ayudándola en la cocina del bar. Esos momentos son algo que siempre guardaré en mi corazón y que volví a revivir en ese momento. Ojalá fuéramos conscientes de todo lo que tenemos y lo disfrutáramos más, aprovechando cada instante de lo bueno y malo, ya que incluso lo malo nos da algo bueno, el aprendizaje.
Después de este pequeño viaje al pasado, fuimos al Casco Viejo de nuevo a pasear, conocer más lugares nuevos y comprar algún recuerdo a nuestros seres queridos. Por último, por la tarde, de camino a casa, fuimos al museo marítimo a ver la gabarra, un barco en donde el equipo del Athletic celebra sus títulos.
Algo que nos sorprendió mucho fue ver tantos residuos en en esa zona en la ría. Da mucha rabia ver lo poco que se cuida el planeta y el medioambiente. Yo lo veo muy fácil, porque si no eres capaz de pensar que no puedes dañar el planeta por todo el daño que haces a todos los seres vivos, tan solo hay que hacerlo por egoísmo, pensando en que si no cuidas el sitio donde vives te terminara afectando gravemente a ti mismo. Yo pienso que sería mejor pensar globalmente y pensar en el daño que se hace a todas las especies sino cuidamos el planeta, pero también se puede pensar desde el punto de vista del daño que nos hacemos a nosotros mismos.
Y después de todo esto, tuvimos que acabar este maravilloso viaje y coger el bus de vuelta a Burgos.










Este fue un viaje espectacular, lleno de momentos increíbles e inolvidables que nunca olvidaré. Además, he aprendido mucho de estos días y hemos reflexionado mucho acerca de la vida y una de las cosas con las que claramente me voy a quedar es con que hay que aprovechar cada instante de nuestra vida y disfrutarlo al máximo, exprimirlo hasta la última gota que quede.